sábado, 6 de junio de 2009

DON QUIJOTE, SOÑADOR Y VISIONARIO.


Samuel Pagán
Publicado en la revista Enfoque
número 41

La misión básica de don Quijote de la Mancha fue adoptar la vida heroica como su estilo natural de ser y de hacer.

Admiraba, nuestro protagonista, los famosos héroes de la antigüedad, y particularmente apreciaba a los personajes de los libros de caballería. En su mundo de ilusiones y sueños, descubrió que la vida debía tener un propósito restaurador, una finalidad liberadora. No resistía el hidalgo ser un espectador pasivo en el drama de la vida. A sus ideas, en efecto, incorporó un sentido amplio de justicia y un apego serio por la verdad, fundamentados en el recuerdo de las hazañas de los protagonistas de los relatos épicos.¡Había muchos agravios por remediar, y más entuertos que deshacer! El “aumento de su honra” se relaciona, posiblemente, con sus obligaciones morales para con su país. La frase ciertamente puede incluir la idea de servir a la sociedad como un deber moral.

Ese entorno mágico y fabuloso afectó seriamente la vida de don Quijote: ¡Decidió vivir para satisfacer sus necesidades básicas, que consistían en encarnar el bien y luchar contra todo género de males! Se manifiesta temprano en su transformación una vocación por la justicia que le acompañará el resto de su vida. La misión del hidalgo se menciona clara y continuamente en la obra, pues “no quiso aguardar más tiempo a poner en efecto su pensamiento, apretándolo a ello la falta que él pensaba que hacía en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar, y abusos que mejorar, y deudas que satisfacer” (Tomo I, Cap. II).

El objetivo fundamental del Quijote no fue el de vivir un mundo de aventuras e ilusiones sin sentido de dirección ni propósitos ulteriores, sino el de responder a necesidades reales de personas con problemas concretos y específicos. Ante la inacción de la gente aparentemente “cuerda”, se levanta el hidalgo que del “poco dormir y el mucho leer se le secó el cerebro de manera que vino a perder el juicio”. La historia del ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha es el relato de la lucha del bien contra toda suerte de males y fuerzas que angustian, encadenan y oprimen a la humanidad.

La misión del hidalgo es un tema fundamental en la obra. Sancho, en su estilo simple, llano y pintoresco, le echa la bendición a don Quijote, y le dice: “¡Dios te guíe… flor, nata y espuma de los caballeros andantes! ¡Allá vas, valentón del mundo, corazón de acero, brazos de bronce!” (Tomo II, Cap. XXII). Y el hidalgo, al explicar la naturaleza ética de sus actos, indica: “Hemos de matar en los gigantes a la soberbia; a la envidia, en la generosidad y buen pecho; a la ira, en el reposado continente y quietud de ánimo; a la gula y al sueño, en el poco comer que comemos y en el mucho velar que velamos; a la lujuria y lascivia, en la lealtad que guardamos a las que hemos hecho señoras de nuestros pensamientos; a la pereza, con andar por todas las partes del mundo, buscando las ocasiones que nos puedan hacer y hagan, sobre cristianos, famosos caballeros” (Tomo II, Cap. VIII).

Un diálogo íntimo entre don Lorenzo de Miranda —poeta joven y sabio— y don Quijote provee el contexto para una de las descripciones más extensas e íntimas de la misión fundamental de la caballería andante, a la cual alude sistemáticamente el hidalgo en la articulación de su misión en la vida. Don Quijote elogia las habilidades poéticas del joven, y don Lorenzo, ante la sabiduría de su interlocutor, inquiere sobre la educación del hidalgo. Le indica: “Paréceme que vuesa merced ha cursado las escuelas: ¿qué ciencias ha oído?”

A esa pregunta directa y clara, don Quijote respondió: “La caballería andante”. Y añadió el hidalgo: “Es una ciencia que encierra en sí todas o las más ciencias del mundo, a causa que el que la profesa ha de ser jurisperito…; ha de ser teólogo…; ha de ser médico…; ha de ser astrólogo…; ha de saber las matemáticas…[...] ha de guardar la fe a Dios y a su dama; ha de ser casto en los pensamientos, honesto en las palabras, liberal en las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con los menesterosos, y, finalmente, mantenedor de la verdad, aunque le cueste la vida defenderla” (Tomo II, Cap. XVIII). Esa es la misión a la cual dedica don Quijote su vida.

El capítulo inicial del libro presenta un atisbo, una aproximación de lo que posteriormente vendría, un perfil de la naturaleza de las acciones y la motivación de las empresas quijotescas. No es la cruzada de un desequilibrado mental, sino la misión de alguien que está muy comprometido con el establecimiento de la justicia y la implantación de la verdad. Se funden en una sola vida y misión los estudios profundos del abogado, la capacidad intelectual de los teólogos, la pasión por la salud de los médicos, la persistencia y paciencia de los astrólogos, y la sabiduría e ingenio de los matemáticos. Además, se incluye, en esta fundamental declaración de misión, los valores morales y espirituales que coronan a las vidas de altura, de nobleza y de bien.

Don Quijote era un soñador que tenía por misión fundamental responder al clamor más hondo de la gente en necesidad. Identifica continuamente el hidalgo en sus declaraciones misioneras que la gente importante en su proyecto de vida es la que llora y sufre en la sociedad. La encomienda básica de don Quijote es socorrer a personas marginadas y oprimidas, pues haciendo eso respondía a su verdadera vocación.